Sunday, August 20, 2006

Cuantas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y maquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yang, la contemplación o la Tatigkeit, avena arrollada o perdices faisandees, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que si, que no, que en ésta está...Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir, la falsea, es decir, la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizás? Todo es escritura, es decir, fábula. ¿Pero de que nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas.
En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se paso años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle y mirar el tornillo de reojo y sentir que era la paz. El hombre murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que ese tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella...¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete. Así es como París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos. Nos arde un fuego inventado, una incandescente tura, un artilugio de la raza, una ciudad que es el Gran Tornillo, la horrible aguja con su ojo nocturno por donde corre el hilo del Sena, máquina de torturas como puntillas, agonía en una jaula atestada de golondrinas enfurecidas. Ardemos en nuestra obra, fabulosos honor mortal, alto desafío del fénix. NADIE NOS CURARÁ DEL FUEGO SORDO, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette. Incurables, perfectamente incurables, elegimos por tura el Gran Tornillo, nos inclinamos sobre él, volvemos a inventarlo cada día, a cada mancha de vino en el mantel, a cada beso del moho en las madrugadas de la Cour de Rohan, inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección, quizá las palabras envuelvan esto como la servilleta el pan y dentro este la fragancia, la harina esponjándose, el sí sin el no; o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas, y en paz y basta.

Con este texto comienza Rayuela, la obra más reconocida de Julio Cortazar. Mucha gente opina que escribo muy bien. Tal vez en otro tiempo lo hice, pero mis ideas se han agotado, se han rendido hacia la verdadera poesía de las palabras.
Y os preguntareis: ¿y a qué viene Julio Cortazar con el cine? Creo que este texto habla de la importancia de las cosas pequeñas, de las cosas que a cada uno nos hacen feliz, nos dan fuerza para seguir dando pequeños pasitos en este terrible mundo de insolencia y crueldad….son las que hacen que la insolencia y la crueldad sean pequeñas. Creo que nosotros le damos importancia a algo tan pequeño como es nuestra imaginación, nuestro placer, lo que nosotros consideramos belleza, y le damos tanta importancia que se hace grande, y todos lo desean. El cine nos llena de emociones, sentimientos, ideas, amor, turas y turas como dice Julio.
Soñar, simplemente soñar, esa sensación de que todo es posible, como que un pequeño tornillo pueda ser dios. La gente me pregunta por que me gusta tanto el cine, como puede ser que me trague seis películas seguidas sin que me duela la cabeza…simplemente soy, somos, como aquel napolitano que observaba su tornillo…nuestro tornillo es el cine…ese dios es nuestra vida, y no se si a vosotros os pasa lo mismo, pero la curiosidad es una de las características mas especiales del ser humano…y ahora todos los que me rodean quieren ver el tornillo…Todas las cosas son pequeñas, pero una sola persona basta para hacerlas gigantes. Un saludo: Miette

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